Hoy, 3 de diciembre, se representa en el
Teatro Guerra de Lorca la obra infantil “El soldadito de plomo”, basada en el
cuento original de Hans Christian Andersen.
Recuerdo que la primera vez que leí ese
cuento era diciembre y hacía muchísimo frío. Debía tener unos ocho años. Lo
descubrí porque formaba parte de una colección de libros de Andersen
que mi abuelo me estaba ayudando a completar con el periódico de cada domingo.
Probablemente lo haya leído dos veces en
toda mi vida. No es un cuento que me marcase en profundidad, (de hecho, hasta
que no he vuelto a leerlo esta tarde ni siquiera recordaba la historia) pero
sin embargo, cada vez que oigo hablar de él, vuelvo a ese diciembre, a las
tardes en casa cuando hacía mucho frío fuera, al chocolate caliente arañándome
la garganta, a las vacaciones de navidad, a la ilusión de encontrar cada
domingo un cuento nuevo en casa. Esas tardes me resultaban muy inspiradoras, era
fácil dejarse leer: a partir del momento en que se escuchaba “Érase una vez…”
cualquier cosa podía pasar.